MEDITACIÓN DINÁMICA

Es posible meditar en movimiento. Es un poco difícil de explicar o puede sonar muy raro, puede ser , pero cuando juego a pádel me pasa algo similar. Así lo percibo.

AHORA VOY A INTENTAR DESGRANAR LO QUE YO CONSIDERO CLAVES DE ESTE PENSAMIENTO.

Hace un año, podría decirse , que medito con regularidad. Al pádel hace que juego más de un año con bastante frecuencia, hasta tal punto que he progresado y aprendido mucho. Mi base tenística de antaño me echó un cable para emprender esta senda.

Introducirme en la meditación o como se conoce ahora comúnmente , el “mindfulness”, supuso un paso más en la consecución de mayor bienestar y felicidad personal. Cierto que en los comienzos no experimentaba grandes cambios internos, pero con el paso del tiempo si notaba que la relación con mis pensamientos ya era otra. Empezaba a apreciar mayor distancia hacia ellos. Sentir mi respiración, cada inhalación y exhalación, entonces simplemente SOY.

Muchos de ustedes pensaran por que meto el pádel en esta ecuación que me hace sentir diferente, un poco mejor.

Ya sé que no es la primera vez que lo comento, pero no me cansaré de decir cómo este deporte te hace focalizar en el juego y nada más. Los pensamientos que te nublan el ser más profundo están al acecho, SIEMPRE, no obstante, si uno se centra exclusivamente en la jugada está alejando sus pensamientos y problemas diarios por unos instantes.

Problemas hay y siempre los va a haber, cambios de toda clase también; Lo importante es saber como enfocarlos, redirigirlos. La mente, en este sentido, es fundamental.

La fortaleza mental, creo yo, no es la capacidad de pensar en el pasado o el futuro, todo lo contrario, si no es la virtud de hacer creer a tu cerebro que tu presencia, TU SER, y acciones, EL MOMENTO PRESENTE, LO SON TODO.

Una de las cosas mas bonitas del pádel es que se suceden muchas jugadas que parece no acaben nunca, hasta que uno finalmente falla por extenuación o el otro remata la jugada con un buen golpe.

¿Mientras estoy disputando un punto muy largo donde nadie da su brazo a torcer, estoy pensando en el más allá y lo que va a pasarme en unos años o por el contrario estoy tratando de ganar un punto muy disputado?

La disputa del juego me hace sentir libre, constructivo, y lo más importante, siempre según mi parecer, no soy la verdad única, tampoco lo pretendo. Simplemente SOY.

La transformación

Palabras y palabras le queman por dentro, a veces no le dejan vivir, le dicen en todo momento lo que tiene que hacer en cada momento. A la vez estallan recuerdos y momentos de los más hermosos que ha vivido hasta hace poco, la cabeza aprieta de lo lindo, el corazón se resiste. ¿Corazón y cabeza? o más bien corazón o cabeza. Es como estar enjaulado y presenciando en primera línea la batalla de las batallas.

El avance y la transformación sólo viven del presente, no entienden de otro contexto donde aplicar sus fórmulas y métodos; Pero están atenazados por esas palabras, por los recuerdos y fotografías. Eran momentos únicos, de vinculación natural, llenos de risas espontáneas, que surgían como fruto del azar.

Deseaba con toda su alma emprender el camino de esa transformación. ¿Pero cuál era?

Daba la sensación que una de las partes, por aquel momento sólo, porque sabía que no iba a ser eterno, no disponía de las herramientas necesarias para afrontar ese cambio con garantías. A decir verdad, ningún cambio ofrece garantías, pero ahí está la magia del todo también. Por aquel momento la única certeza era que todavía estaba puliendo y dando forma a los utensilios de la revolución. Esta última palabra la ama, pero la observa con prudencia, la analiza y la medita con la distancia suficiente.

Posiblemente siempre le haya gustado la comodidad, la adaptación a las cosas según vengan, como poco amante o dado a los cambios bruscos o radicales. El dejarse llevar y fluir podrían ser su virtud, pero también su talón de Aquiles para el proceso de transformación que tenía en mente. Caía fácil en la autocomplacencia, la rutina, uno de los pecados más mortales donde los haya en la actualidad. Y eso que no era nada religioso pero sí tenía una fe a prueba de bombas en la transformación venidera. Esta creencia le hacía mover hasta las montañas, sus guardianes predilectos del camino emprendido.

“Hay que ponerse en marcha“.

Por supuesto que cuando escuchaba la palabra cambio para mejorar se le iluminaba el rostro, eso siempre, y lo ponía en práctica de la mejor manera que sabía. Como también sabía que esos cambios a mejor, de manera inmediata, nunca se verían reflejados.

“Con hacer un poco cada día o plantar una semilla diaria del presente, llamada revolución, ¿Podía ser suficiente, no?”.

Pero no le gustaba tampoco tomar una velocidad de crucero. Pensaba que se trataba de manejar con paciencia, sabiduría, contundencia y hechos los retazos de la revolución. Era cuestión de tiempo.

A veces sus impulsos eran más fuertes que nunca, le pasaban una factura terrible a su conciencia, estaban fuera de lugar en ocasiones, no medía bien los tiempos y eso para el avance no era nada bueno. Lo único que provocaba con ello era dañar su corazón. No era el momento de expresar su deseo más ferviente, eso quizás más adelante podría volver a brotar.

Nunca se sabe, pero tenía que ser consciente también que no podía estar pendiente, a cada instante, de ese volver a nacer. ¿Podría volver a observar con deleite esa hermosa flor?; Esa misma que le hizo tanto soñar en vivo, esa fantasía de carne y hueso.

Los abrazos a los instantes, al momento presente y a su alma se desarrollaban como su medicina diaria o así debería ser. Eso intentaba, no le quedaba otra, no tenía más alternativas. Por que lo que es empezar desde él mismo, realmente, siempre creyó en él, abrazaba su alma, entonces ¿Cuál era el miedo que sentía?. ¿Tenía miedo de él mismo?

Una famosa canción le vino a la memoria:

No hay otra norma

Nada se pierde

Todo se transforma

“Nada se pierde, todo se transforma”, Jorge Drexler.