Exploradores

Buscamos y buscamos sin cesar, anhelos de libertad y estar siempre desligados de ataduras. Motivaciones y alicientes a la vuelta de la esquina para que los exploremos a través de nuestra curiosa “curiosidad”.

Realmente siempre hemos sido libres, la libertad está dentro de nosotros, es intrínseca. Ya llevamos la libertad de nuestro ser, siempre ha estado en nuestro interior, nos acompaña en el día a día, pero no le hacemos mucho caso.

¿Por qué exploramos fuera? ¿Somos prisioneros de nuestro ser?

Seguimos buscando y explorando …

Reflexiones de un confinado

Estaba en una habitación, no se podía salir al exterior, a la calle, no se podía ni salir a pasear. Sólo lo podías hacer para lo estrictamente necesario, como por ejemplo, hacer la compra, sacar a pasear a tu mascota, si la tienes claro, ir a la farmacia o por motivos laborales. El confinamiento estaba en primera línea.

La pandemia se propaga a un ritmo vertiginoso, nunca visto con otros tipos de virus a lo largo de nuestra historia. El ritmo de vida que estaba llevando también hasta hace poco, lento, lo que se dice lento, tampoco lo era. Parecía una señal inequívoca más que nunca.

Inmediatez, instantaneidad y celeridad gobernaban con determinación desde hace años. Nadie les tosía y ellos ahí, tan impasibles. Era tal el grado de autoridad que no había espacio para reflexionar, ni incluso poder imaginar.

Pero todo se debe parar, y es vital por razones sanitarias. Cierre temporal de comercios, de servicios que no son esenciales y empresas, están a la orden del día.

Si se puede salir al balcón, dispongo de uno, por suerte. Salgo, veo las calles y las avenidas, están desiertas, a duras penas veo algún coche o ambulancia pasar. La ciudad se vació, como si algo pretendiese comunicar también. Posiblemente lo necesitaba ella también, sentir este vacío.

Lo bueno de todo esto es que mis fosas nasales empiezan a inhalar un aire un poco más puro. El panorama actual asusta, pero la perspectiva entonces no tanto. Eso pienso cuando leo con atención que la contaminación ha bajado a niveles históricos. El viento fresco y limpio presagia el inicio fulgurante de la primavera, el cielo lo agradece, se revoluciona, eso me inspira.

Llevo una semana confinado, a veces me subo por las paredes, el nerviosismo se apodera de mí, es cierto, no tengo reparo en reconocerlo.

El estado de alarma se decretó para un total de 30 días mínimo, que podrían incluso ser más, limitando de manera contundente la circulación de las personas. La salud de muchas de ellas estaba en juego como también de las personas que ya estaban infectadas por el COVID. Pero tampoco dejaba de darle a vueltas a una cuestión. Era algo que me inquietaba enormemente:

“¿Tenía que propagarse el virus, justo ahora, por algún motivo más?”, puede parecer un poco rebuscado, y entiendo que algunos de ustedes también lo piensen, o no compartan mi punto de vista, lo respeto, pero está claro que por alguna razón me lo preguntaba también a mí mismo.

La limitación en cuanto a desplazamientos, al contacto físico, pero nada me impide poder conectar con mi mente, mi alma. De momento, que multen por la capacidad de pensar, crear, meditar, no está penado, pero muy a la moda no están, o mejor dicho no estaban entre las virtudes más valoradas hasta hace poco. Ahora parece que hay agarrarse a ello como un clavo ardiendo. Y ya saben, que lo que no está a la moda o no es tendencia, no ofrece mucho beneficio económico. No es rentable a corto plazo.

Es ahí cuando siento que encerrado no estoy del todo, realmente se empiezan a despertar libremente sensaciones, deseos y pensamientos. La imaginación y la creatividad están llamando a mi puerta.

¿Era mi mente la que estaba cerrada y yo no era capaz de darme cuenta de ello si no hubiesen decretado el estado de alarma?

“Ahora tengo vía libre, claro”, reflexioné en ese instante.

Estoy encerrado entre cuatro paredes solamente. En otro orden de cosas, el estado de alarma era también mental y espiritual. Si el alma estaba confinada desde hacía años, es el momento de dotarla de las herramientas necesarias para hacerla aflorar pues.

La creatividad se está asomando, la percibo a través de mi confinamiento, pero tengo que acabar de darle una forma más consistente. Soy consciente de ello y este es el primer escalón para un futuro prometedor y quiero que estas palabras sean también testigo de ello.